jueves, 21 de enero de 2010

¿Perdón o venganza?


TÍTULO: “La muerte y la doncella”
AUTOR: Ariel Dorffman
DIRECCIÓN: Eduard Costa
INTÉRPRETES: Luisa Martín, Emilio Gutiérrez Caba y José Sáiz


Cuando te han pasado determinadas cosas en la vida es difícil hacer borrón y cuenta nueva y seguir adelante, a veces creo que puede resultar imposible. Esto es lo que le ha ocurrido a Paulina (Luisa Martín) que sufrió tortura durante la dictadura de su país. La vida tuvo para ella un antes y un después de esos días y aunque han pasado 15 años no consigue seguir adelante con normalidad. Un día la vida le pone de nuevo frente a frente con uno de sus torturadores ¿O tal vez no? ¿Cómo actuará Paulina, será capaz de olvidar y seguir adelante o buscará venganza?

Esta es la historia que se esconde tras “La muerte y la doncella”, la función que actualmente interpretan sobre los escenarios Luisa Martín, Emilio Gutiérrez Caba y José Sáiz. Se trata al parecer de la obra hispanoamericana más representada de todos los tiempos. Quizá se debe a que por desgracia trata un tema que nunca pasa de moda: el perdón contrapuesto a las ansias de venganza.

Una de las cosas que me ha llamado la atención de esta función es que me ha parecido en ocasiones bastante cinematográfica, y me explico: no sé si acertadamente o no, pero lo cierto es que normalmente asocio el teatro a la palabra y el cine a la imagen. Por supuesto que en el teatro la imagen es importante, hay gestos que suelen ser cruciales en muchas ocasiones (y además tenemos la ocasión de verlos en vivo y en directo y de cerca), pero hasta ahora nunca había visto (exceptuando el teatro de mímica) una obra en la que varias de sus escenas carecieran por completo de diálogo, en ésta hay varias. No es que sea ni mejor ni peor, simplemente me ha sorprendido.

Como no podía ser de otra manera con este reparto, la obra está muy bien interpretada y la historia que en ella se nos cuenta hace que al día siguiente todavía le estemos dando vueltas al argumento y a las palabras que en ella hemos escuchado. En mi caso, no pude evitar sentirme, en ocasiones, de parte de Paulina y en contra de su marido Gerardo, pero supongo que cada espectador sacará sus propias conclusiones al verla.

jueves, 14 de enero de 2010

Funciones suspendidas por accidente doméstico

Esta mañana me he enterado de que ayer el actor Miguel Ángel Solá sufrió un accidente doméstico en su domicilio madrileño, por el que tuvo que ser intervenido quirúrgicamente. Por esta razón la obra “Por el placer de volver a verla” cuyo estreno estaba previsto en el Teatro Amaya de Madrid el próximo lunes 18 ha tenido que posponerse sin fecha cierta.

Escribo esta entrada porque como sabéis estuve viendo esta función el sábado y el domingo y disfruté mucho en ambas ocasiones. Parece ser que he tenido la fortuna de ver las dos últimas funciones antes de esta suspensión obligada.

Simplemente decir, que espero que no sea nada, que se recupere muy pronto y pueda volver a subir a los escenarios junto con Blanca Oteyza para seguir deleitando al público.

domingo, 10 de enero de 2010

Un verdadero placer


TÍTULO: “Por el placer de volver a verla”
AUTOR: Michel Tremblay
TRADUCCIÓN: Pablo Rey
DIRECCIÓN: Manuel González Gil
VERSIÓN ESPAÑOLA: Solá/Oteyza/González Gil
INTÉRPRETES: Miguel Ángel Solá y Blanca Oteyza



Una de las cosas de las que me arrepiento (teatralmente hablando) es de no haber ido a ver hace unos cuantos años “Hoy: El diario de Adán y Eva” de Mark Twain, se representó en mi ciudad pero todavía no había oído hablar de ella y no fui. Meses después se empezó a hablar mucho y muy bien, y la obra continuó representándose durante años por todo el país, pero ya no tuve oportunidad de verla.

Pero ahora, en cierta manera, me pienso desquitar. Los mismos protagonistas Miguel Ángel Solá y Blanca Oteyza están representando la obra de Michel Tremblay “Por el placer de volver a verla”. Son retazos de la vida de un niño, y después no tan niño y su madre. Son simplemente momentos de sus vidas recordados por ese niño que ahora es todo un hombre y que se dedica a escribir teatro. No pasan grandes cosas, pero a través de sus conversaciones, sus bromas y sus riñas vemos pasar la vida ante nuestros ojos.

El texto rezuma ternura, inteligencia y sentido del humos. Los intérpretes bordan sus papeles. Parece mentira que sin necesidad de caracterización alguna podamos ver en Miguel Ángel Solá tanto a un niño de 11 años como a un hombre hecho y derecho. Por su parte Blanca Oteyza encarna a la perfección a esa madre que se parece un poco a todas nuestras madres unas veces furiosa, otras veces tierna y amorosa. Se trata de teatro con mayúsculas, la magia del teatro se pone de manifiesto siempre que sobre el escenario hay unas personas que saben y quieren contar una historia y en el patio de butacas hay espectadores que quieren escucharla y ser partícipes de la misma. No hace falta nada más.

A lo largo del texto hay numerosas alusiones al teatro y al amor incondicional a este arte de Talía. Escuchándolas y viendo a los actores representar sus papeles nos hacemos conscientes una vez más de la inmensa grandeza del teatro.

Os la recomiendo a todos los que os gusta el teatro, si pasa cerca de vuestras ciudades y pueblos no os la perdáis. Os la recomiendo también a los que NO os gusta el teatro o pensáis que no os gusta, si vais a verla descubriréis que estabais equivocados, que también a vosotros os gusta el teatro.

Al principio de esta reseña os decía que esta vez me voy a desquitar, y es cierto: Ayer tuve la oportunidad de ver esta obra y esta tarde a las 7, tendré el inmenso placer de volver a verla.