domingo, 9 de octubre de 2011

Un merecido homenaje


TÍTULO: “Concha. Yo lo que quiero es bailar”
DIRECCIÓN Y DRAMATURGIA: Josep María Pou
TEXTO: Juan Carlos Rubio (sobre biografía y relato oral de Concha Velasco)
DIRECCIÓN MUSICAL Y ARREGLOS: Xavier Mestres
MÚSICOS: Xavier Mestres, Tomás Alcaide, Roger Conesa, Xavi Sánchez


Érase una vez, una niña que a los 10 años le dijo a su madre: “Mamá, quiero ser artista”. Su madre, ni corta ni perezosa convenció al padre para que lo antes posible se trasladaran a Madrid con el objetivo de que la niña pudiera cumplir su sueño. Como Chiti, así la llamaba su familia, era muy disciplinada, pronto empezó a destacar en sus clases de baile y el sueño de ser artista estaba cada vez más cerca. Pero ¡Ojo! Porque ella no quería ser una artista cualquiera, ella quería ser la mejor.

Esto que os he empezado a contar no es ningún cuento, es la vida real de la que ha llegado a ser una de las mejores actrices de nuestro panorama teatral, cinematográfico y televisivo: Concha Velasco. En un monólogo a través del cual hace cómplice al público desde el primer momento, llegando incluso a conversar con la gente de las primeras filas, la Velasco va desgranando la historia de su vida, sobretodo de su vida profesional, y entre chismes, canciones y confidencias hace las delicias de sus incondicionales entre los que me cuento.

La verdad es que me alegro un montón de que a Josep María Pou se le haya ocurrido la idea de brindar este merecidísimo homenaje a Concha Velasco. Porque sí, porque ahora todavía está en activo y puede contarnos ella misma su historia y disfrutarlo. Los homenajes, si se puede, hay que hacerlos en vida para que los homenajeados los disfruten.

Y Concha lo disfruta. Vaya si lo hace, no hay más que verla. Ríe, canta y se emociona recordando los momentos buenos y los no tan buenos. Mención especial merece su narración de la noche en que no le dieron el Goya, contándolo, demuestra su espléndido sentido del humor y se hace querer todavía más si cabe. Ya que al fin y al cabo eso es lo que buscan los artistas ¿no? Que les quieran un poquito.

Esta obra es un monólogo, pero la protagonista no está sola en escena, la acompañan cuatro fantásticos músicos que además de tocar maravillosamente diversos instrumentos, cantan como los ángeles.

Quiero recomendar esta función a todos aquellos que admiren a Concha Velasco. Aunque sólo fuera por el placer de bailar “La chica ye-ye” mientras Concha la canta en directo sobre el escenario, ya merecería la pena. Pero hay mucho más. Los que no tengáis oportunidad de verla, todavía podéis disfrutar de su buen hacer en la serie que la semana pasada estrenó Antena 3: “Gran Hotel”, una muestra más de su inagotable talento.





domingo, 2 de octubre de 2011

Hablando con la pared



TÍTULO: “Shirley Valentine”
AUTOR: Willy Russell
VERSIÓN: Nacho Artime
DISEÑO DE ESCENOGRAFÍA: Andrea D’Odorico
PRODUCCIÓN: Carlos Lorenzo
DIRECCIÓN: Manuel Iborra
INTÉRPRETE: Verónica Forqué


¿De cuántas cosas puede hablar una mujer sola en su cocina? ¿De qué no será testigo esa pared que la contempla? Muchas veces decimos: ¡Ay, si las paredes hablaran…! Pues bien, en este caso no hace falta que las paredes hablen porque una mujer, Shirley Valentine, hablar por ellas y con ellas.

A lo largo de un delicioso monólogo, Verónica Forqué se mete en la piel de Shirley, una mujer de 48 años un tanto hastiada de su vida rutinaria de ama de casa pero que en ningún momento pierde la sonrisa y el sentido del humor. Con una charla ágil y amena va haciendo cómplice al público (que interrumpe en numerosas ocasiones para aplaudir) de sus frustraciones y de sus sueños: los años de escuela, el noviazgo, las relaciones con los hijos, con las vecinas, los deseos incumplidos, las esperanzas, el sexo…todo ello va desfilando ante nosotros haciendo que con cada palabra que esta mujer pronuncia, la queramos más.

Siempre me ha encantado Verónica Forqué, me parece una de las grandes de nuestro país. Se puede estar de acuerdo o no, (sé que hay gente a la que no le gusta nada), pero yo lo veo así. Además, creo que con esta comedia, pues no se trata de un monólogo de humor sino de un texto teatral en toda regla, demuestra su talento en toda la extensión de la palabra: nos hace sonreír pero también nos emociona y hace que se nos forme un nudo en la garganta.

En esta aventura Verónica está dirigida por el director que mejor la conoce, Manuel Iborra, y precisamente por esa complicidad existente entre ellos, Iborra ha puesto a disposición de su “actriz favorita” todo aquello que la hace brillar. Y brilla, brilla muchísimo, podría decir que incluso irradia luz a su alrededor, pero claro, esta es sólo mi opinión personalísima. Para saber si estáis de acuerdo conmigo o no tendréis que ir a verla.