domingo, 18 de enero de 2015

Lluvia constante, dibujando con las palabras

Lluvia constante




TÍTULO: “Lluvia constante”
AUTOR: Keith Huff
ADAPTACIÓN: David Serrano
INTÉRPRETES: Roberto Álamo y Sergio Peris-Mencheta
ESCENOGRAFÍA: Elisa Sanz
ILUMINACIÓN: Juan Gómez Cornejo
DIRECCIÓN: David Serrano

Hay muchas historias de policías, pero ninguna como ésta. Dani y Rodo son dos polis muy distintos entre sí que patrullan juntos. Hasta ahí todo normal. Podría ser una más de esas historias del poli bueno y el poli malo, pero no se trata de eso. A los dos protagonistas de “Lluvia constante” les une mucho más que el ser compañeros de trabajo. Son amigos desde niños, podría decirse que cada uno de ellos es para el otro su único amigo, y será precismente esa amistad la que les ponga en apuros.

David Serrano ha tenido la suerte de que cayera en sus manos esta obra del dramaturgo estadounidense Keith Huff y ha sido el encargado de la versión y dirección. No he leído el original pero mi intuición me dice, que Serrano no ha tenido necesidad de hacer muchos cambios. Estamos ante un texto sumamente potente cuyo rasgo más valioso es estar desnudo de artificio y llevar al espectador simplemente eso: una historia contada a dos voces.

Dos voces que a veces al unísono y otras veces interrumpiéndose y contradiciéndose, nos acercan dos versiones de una misma historia que permiten que podamos llegar a comprenderla en toda su complejidad. No os asustéis, no se trata para nada de una historia difícil de comprender, no. Es una historia sencilla aunque absolutamente desgarradora. Una historia de amistad, familia, principios y lealtad.

Lo que realmente hace muy grande esta obra son sus personajes, porque Dani y Rodo son humanos, muy humanos. Tienen defectos y virtudes como cada uno de nosotros: no son perfectos pero tampoco son deleznables. “Lluvia constante” es una obra de teatro real como la vida misma, precisamente porque en ella nada es blanco, ni negro. Todo lo que sucede está teñido de innumerables matices grises. Los dos policías no son los únicos que tienen parte en esta historia, pero sí son los únicos a los que el espectador ve. Son ellos los que dibujan al resto de los personajes con sus palabras.

Y para que una función así se sostenga en pie hacen falta dos grandes intérpretes. David Serrano los ha encontrado: son Roberto Álamo y Sergio Peris-Mencheta que dotan a sus respectivos roles de una verosimilitud que casi asusta. Da igual en cuántos papeles los hayamos visto anteriormente, al contemplarlos aquí nos olvidamos de todos ellos y sólo vemos a Dani y a Rodo, dos policías rudos pero también humanos que rompen la cuarta pared y cuentan al público su historia hablándole de tú.

Una escenografía sobria y una iluminación que consigue crear atmósfera, hacen el resto. Estamos ante un espectáculo en el que el espectador también tiene que poner de su parte: su imaginación deberá dar vida al resto de personajes que pueblan esta historia: Vero, Josito, Huang Yu y algunos otros. Todo junto convierte a “Lluvia constante” en una obra que el director, muy dado a hacer predicciones en los programas de mano, vaticina se convertirá en un clásico del siglo XXI. Yo desde aquí, le doy la razón.