domingo, 26 de abril de 2015

El zoo de cristal o vanas esperanzas







 
TÍTULO: “El zoo de cristal”
AUTOR: Tennessee Williams
ADAPTACIÓN: Eduardo Galán
DIRECCIÓN: Francisco Vidal
ILUMINACIÓN: Nicolas Fischtel
CONFECCIÓN DE VESTUARIO: Cornejo
INTÉRPRETES: Silvia Marsó, Carlos García Cortázar, Alejandro Arestegui y Pilar Gil


“El zoo de cristal” no es mi texto favorito de Tennessee Williams, ni siquiera lo es “Un tranvía llamado deseo”, no. Mi Tennessee Williams favorito de los que conozco es, sin duda, “La gata sobre el tejado de zinc caliente”. Leí “El zoo de cristal” hace ya 10 años y aunque me gustó, no me emocionó lo suficiente. La leí en aquel momento porque quería ver la adaptación que por aquel entonces estaba sobre los escenarios españoles con Cristina Rota como protagonista. Finalmente no pude ver aquella versión, me quedé con las ganas.

Así que cuando esta vez he tenido oportunidad de ir a ver la versión que ahora se está representado, dirigida por Francisco Vidal y con Silvia Marsó en el papel de Amanda, no me lo he pensado dos veces. Y he de decir, que me ha gustado mucho más que cuando la leí, me ha llegado más adentro.

“El zoo de cristal” nos cuenta la historia de una familia, una madre y sus dos hijos, que no se encuentra en su mejor momento. El padre los abandonó hace tiempo y ellos se arreglan a duras penas para salir adelante con el trabajo del hijo en una zapatería. Amanda, la madre, es tremendamente sobreprotectora con sus hijos y esto hace que a ellos, en muchas ocasiones, les falte el oxígeno por no poder satisfacer las expectativas de su madre.

Todo ello hace que al presenciar la obra los espectadores seamos capaces de percibir esa atmósfera un tanto opresiva, aunque en un hogar lleno de buenas intenciones.

En ocasiones parece que Amanda es una mujer que no tiene los pies en el suelo, pero poco a poco, a medida que avanza la representación vamos tomando conciencia de que conoce perfectamente la realidad pero trata de alejarse de ella para intentar ser feliz y conservar la esperanza de que la vida que ha soñado para sus hijos es posible.

Silvia Marsó encarna a esta Amanda, en la que probablemente sea la mejor interpretación de su carrera hasta ahora. En este blog tenéis las reseñas de varias obras protagonizadas por ella como “Yerma” o “Casa de muñecas”  y debo decir que es en “El zoo de cristal” en la que su interpretación me ha calado más hondo puesto que nos muestra las dos caras del personaje, esa Amanda optimista y soñadora, junto a esa otra mujer triste y resignada que se resiste a aceptar lo que cada vez más percibe como inevitable.

No quiero olvidarme del resto de intérpretes que otorgan enorme credibilidad a sus personajes. En el caso de Tom y Laura, los hijos de Amanda, son dos seres descontentos con la vida que les ha tocado vivir, sólo que Laura se resigna, mientras que Tom se rebela. Jim, es el rayo de esperanza que entra en la función y que por un momento nos hace creer que todo será posible.

Quisiera destacar también la impresionante labor de Cornejo que, como siempre, aporta a las obras en las que interviene, un vestuario tan adecuado a los personajes y la época, que estoy segura, facilita la interpretación de los actores.

También la iluminación de Nicolás Fischtel juega un papel muy importante a la hora de dar la ambientación necesaria, sobre todo en determinados momentos de la función.

No quiero contar nada más y espero no haberme excedido ya con esta reseña. Lo que si quiero es deciros que si tenéis oportunidad de ver este clásico de Tennesee Williams sobre las tablas, y más en esta versión, no la dejéis escapar.


domingo, 19 de abril de 2015

Don Juan según La Portillo






TÍTULO: “Don Juan Tenorio”
AUTOR: José Zorrilla
VERSIÓN: Juan Mayorga
ESPACIO ESCÉNICO: Blanca Portillo
ILUMINACIÓN: Pedro Yagüe
MÚSICA ORIGINAL Y ESPACIO SONORO: Pablo Salinas
INTÉRPRETES: Jose Luis García-Pérez, Luciano Federico, Eduardo Velasco, Daniel Martorell, Juanma Lara, Francisco Olmo, Alfonso Begara, Alfredo Noval, Miguel Hermoso, Raquel Varela, Tania Watson, Beatriz Argüello, Rosa Manteiga, Ariana Martínez, Eva Martín.
DIRECCIÓN: Blanca Portillo
MÁS INFORMACIÓN: www.donjuan2014.com



Se podría decir que en el mundo del teatro son los actores los que tienen el poder. En el mundo del cine, el director. Porque en el teatro un director puede dar unas u otras indicaciones a los actores pero cuando llega el día del estreno, en el directo, cualquier cosa puede pasar. Todo o casi todo queda en manos de los intérpretes.

Sin embargo en el cine, una vez rodada la película el director puede cortar escenas a su antojo si lo considera necesario.

Quizá sea por eso que normalmente cuando hablamos de teatro recordamos más las funciones por sus intérpretes que por sus directores, aunque siempre hay excepciones, claro. El “Don Juan Tenorio” que ha montado Blanca Portillo constituirá seguramente una de esas excepciones puesto que ya a día de hoy, cuando todavía está representándose, la gente se refiere a él como “El Tenorio de la Portillo”. ¿Qué por qué? Pues porque la directora ha querido dar una vuelta de tuerca al clásico de Zorrilla para mostrarnos el lado más descarnado y bestial del personaje literario.

Siempre, desde bien pequeña, me ha gustado el Don Juan Tenorio, el texto, me refiero, no el personaje. Estoy de acuerdo con Portillo en que el personaje no es digno de admirar sino que se trata de alguien profundamente deleznable, pero a pesar de no empatizar con el protagonista siempre me han gustado las versiones que he visto de la función. Quizá sea porque el texto de Zorrilla que bebe a su vez del anterior “Burlador de Sevilla” de Tirso de Molina, es absolutamente maravilloso.

Desde que supe hace casi un año que Blanca Portillo iba a llevar a escena una versión de Don Juan, tuve ganas de verla aunque con ciertas reticencias, ¿Y si la adaptación era tan distinta que no me gustaba? El hecho de que la versión estuviese firmada por Juan Mayorga y de que el texto se hubiese respetado en su integridad, me dio razones suficientes para comprar la entrada.

Antes de ver la función ya había escuchado opiniones contrapuestas acerca de ella y por fin he podido verla y juzgar por mí misma. He de decir que me ha gustado. No me ha chocado para nada que Don Juan y sus secuaces vayan vestidos a la manera actual y que utilicen navajas y pistolas en lugar de espadas. Creo que Mayorga ha sabido hacer una versión muy sutil que casi no se nota, lo cual en un texto de la calidad del de Zorrilla es de agradecer. Es cierto que a veces se dice a gritos, sí, pero siempre con sentido.

La música de Pablo Salinas me parece un acierto puesto que mezcla blues y flamenco para conseguir una ambientación mágica y llena de dolor. También el espacio escénico diseñado por Blanca Portillo me parece sobrio y adecuado a la vez para desnudar la pasión y la violencia que el texto encierra. Inolvidable la luna que tan pura brilla.

¿Qué decir que los intérpretes? Creo que están sublimes. Desde Jose Luis García Pérez encarnando a Don Juan que se merece por este papel todos los premios que le quieran dar, pasando por Ariana Martínez que se mete en la piel de una no tan inocente Doña Inés hasta todos y cada uno de los 15 intérpretes que pisan el escenario. Creo que a pesar de las diferencias con las versiones del Tenorio a las que estamos acostumbrados, los intérpretes han conseguido respetar la musicalidad del texto y evitar que nos chirríe.

Desde aquí quiero romper una lanza, ya lo he hecho en alguna otra ocasión, por el teatro clásico. No temáis acercaros a una obra de teatro clásico escrita en verso, porque si los intérpretes saben cómo decirlo, su comprensión es muy fácil y su contemplación una auténtica gozada.

Personalmente creo que no he alcanzado a comprender la totalidad de los símbolos que la directora nos presenta en forma de seres enmascarados más allá de la presencia de los espíritus en la función, pero en cualquier caso se trata de una versión que yo sí he disfrutado y mucho.

La recomiendo a todo el mundo. Teniendo en cuenta, eso sí, que la estética con que se presenta ahora no es la misma a la que las versiones más clásicas nos tenían acostumbrados.

sábado, 4 de abril de 2015

¿Quién es normal?






 TÍTULO: "Olivia y Eugenio"
AUTOR: Herbert Morote
DIRECCIÓN: José Carlos Plaza
INTÉRPRETES: Concha Velasco, Rodrigo Raimondi/Hugo Aritmendiz



La vida no ha sido fácil para Olivia, pero ahora lo es menos aún. Tiene un hijo con síndrome de Down y está enferma. Este es el punto de partida de “Olivia y Eugenio” la obra del peruano Herbert Morote que gira actualmente por los escenarios españoles.

Creo que esto es lo único que se debería contar sobre el argumento de la obra. Desgraciadamente, yo a base de leer reseñas y entrevistas sobre la misma, me enteré de mucho más antes de ir a verla, es más, sabía todo lo que iba a pasar en ella y creo que ese exceso de información le restó atractivo.

El texto de Morote encierra verdades como puños y frases que me hubiera gustado apuntar durante la representación, pero que no reproduciré aquí por miedo de no hacerlo con exactitud. Todo lo que se dice en ella es muy cierto, pero eso sí, el texto no deja de ser previsible incluso para aquellos que no supiesen con anterioridad de qué iba la función.

Ésa es la mayor falta que le encuentro a esta obra. Se trata de un texto que está cargado de razón y buenas intenciones, pero que en ningún momento sorprende al espectador, al menos conmigo no lo consiguió. Rompe una lanza (muy necesaria) por todos aquellos que una sociedad enferma y perversa califica de “anormales” y Olivia, su protagonista se pregunta en numerosas ocasiones: “¿Quién es normal?”

Pero como digo, esto es algo que ya habíamos visto en otras ocasiones en el cine, el teatro, y la televisión, por lo tanto, siento decir que la función no aporta nada nuevo en este sentido.

Bueno, no, miento. Sí que aporta algo nuevo puesto que es la primera vez que una obra de teatro cuenta con un muchacho con Síndrome de Down como protagonista. En mi caso, me tocó presenciar la interpretación de Rodrigo Raimondi que ejecuta su papel con corrección y recibe emocionado los aplausos del público al terminar. Quizá éste sea un buen ejemplo de todo lo que las personas con Síndrome de Down pueden hacer con solvencia y eficacia.

Por lo demás tengo que decir que siempre es un placer ver sobre las tablas a Concha Velasco, una de nuestras grandes figuras del mundo del espectáculo. Es emocionante volverla a ver recuperada y pisando las tablas con la fuerza de siempre. Ella encarna a Olivia y desgrana un cuasi monólogo lleno de reproches a la sociedad actual que de alguna manera, me recordó un poco al de Madame Rosa en “La vida por delante”.  aunque salvando las distancias.

¿Que si recomiendo la función? Sí, la recomiendo si queréis comprobar como Concha Velasco se encuentra en plena forma y tiene todavía mucha guerra que dar sobre los escenarios. Eso sí, creo que aunque el papel que hace aquí debe tener un significado muy especial para ella, no es ni mucho menos el más memorable que le he visto interpretar.