domingo, 31 de enero de 2016

Cuando deje de llover, todo un rompecabezas teatral




TÍTULO: "Cuando deje de llover"
AUTOR: Andrew Bovell
TRADUCCIÓN: Jorge Muriel
DIRECCIÓN: Julián Fuentes Reta
INTÉRPRETES: Jorge muriel, Pilar Gómez, Consuelo Trujillo, Pepe Ocio, Susi Sánchez, Ángela Villar, Felipe G. Vélez, Ángel Savín/Francisco Olmo, Borja Maestre

Creo que ya he dicho varias veces en este blog que para que la magia del teatro se produzca sólo hacen falta 3 cosas: una buena historia, buenos actores y público. Pues bien, “Cuando deje de llover” las tiene, y por eso al verla sobre un escenario no puede sino surgir la magia.

En primer lugar la magia de su historia: la historia de unos personajes unidos pese a las diferencias de tiempo y espacio, ya que la obra transcurre entre Europa y Australia y entre 1959 y 2039. Los saltos temporales son continuos y tienen mucha importancia a la hora de lograr impactar al espectador. Estamos ante una historia tremendamente compleja aunque en el fondo es bastante simple. Sé que esto que digo puede parecer contradictorio pero no lo es y el que la haya visto comprenderá seguramente a qué me refiero.

En segundo lugar la magia de sus intérpretes: 9 actores y actrices al servicio de una historia. Estamos ante una historia bastante coral y por eso es difícil destacar a unos sobre los otros. Todos interpretan su papel con eficacia, dando el toque justo a cada una de sus intervenciones y consiguiendo así mantener en vilo al público.

En tercer lugar la presencia del público, y no sólo su presencia pasiva como meros espectadores sino su presencia activa. No me refiero a que te vayan a sacar al escenario, que nadie se asuste, no hay nada de eso. El público permanece observando en su butaca como en cualquier otra función, pero su cabeza no para quieta, no deja de atar cabos y hacer suposiciones acerca de las pequeñas pildoritas y pistas que los personajes de la obra van dejando por aquí y por allá como Pulgarcito dejaba miguitas de pan para poder volver a casa. El que no esté dispuesto a comerse un poco la cabeza durante la función que no se gaste el dinero de la entrada porque es probable que acabe perdiéndose.

Con esto que he dicho no quiero desanimar a nadie, al contrario, creo que es una obra que todo el mundo debería ver al menos una vez, si son dos o más mejor que mejor, porque estoy segura que a pesar de toda la atención que el espectador pueda poner, si la ve una segunda vez podrá hacer algunas lecturas complementarias de la misma.

Este texto del australiano Andrew Bovell traducido por Jorge Muriel, merece más de una lectura y desde luego más de un visionado. No quiero desvelar nada más de la función pero espero haber picado vuestra curiosidad y que os acerquéis a verla si tenéis la oportunidad. Está de gira.